Siendo Gladiadores: Miguel A. Varela Pérez; 12 de agosto de 2014

 

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Al hablar de ellos, algunos se remontan o se transportan en la historias y en la imaginación a los anfiteatros romanos. Era el principal pasatiempo o diversión del imperio romano. Adquieren su nombre en relación a la espada corta usada para aniquilar o combatir la pelea, a esta pequeña arma se le denominaba “gladius”, existían por categorías, se les preparaba con mucho rigor y disciplina. Eran condicionados para ganar, para atacar, para superar a su contrincante, sin importar lo que eso representaba. Entraban al anfiteatro a dar lo mejor se sí. La batalla podía ser contra sí, o contra un animal salvaje, el final tenía que ser el mismo, ganar, ganar y ganar, jamás claudicar, jamás huirse, jamás darse por vencido. Había que descargar el coraje, la astucia, la fortaleza. Había que usar adecuadamente su entrenamiento, poner en ejecución sus destrezas. Para eso había sido entrenado. Representan el poder y la valentía. Su destino era ejercer con ímpetu y coraje su estilo y manifestar un comportamiento dirigido a lograr la meta. Era el y solo el, era lo que se le exigía, no había alternativas.

Hoy son muchos los que entran no al anfiteatro romano, entran al anfiteatro de la cruda realidad de la vida, al anfiteatro de las situaciones y ambientes desolados. Entran al anfiteatro en el que se dará la lucha y pelea contra las desventajas, la aflicción, la desesperación, la falta de fe, en fin el hundimiento. Otros entran al anfiteatro a batallar contra las injusticias, el discrimen, el egoísmo, la insensibilidad, el desorden y el caos. Unos batallan para lograr cambios positivos y poder transformar los escenarios de vida. Otros entran al anfiteatro para convencer a los que no tienen esperanzas que alguien está dispuesto a luchar por ellos y sus causas, que alguien está decidido a llegar hasta el final y lograr la victoria que significa liberar al oprimido, levantar al caído, alimentar al hambriento, educar al niño, proteger al necesitado. Cada uno en su anfiteatro está llamado a ser el mejor, cada uno está llamado a usar el “gladius” de la justicia y la razón, el, “gladius” de la entrega y la pasión, el “gladius” de la sensibilidad y el respeto, el “gladius” de la sensatez y la vocación.

En ocasiones el luchador puede pensar que va a perder la batalla, puede pensar que no podrá concluir la misma, le llegarán a la mente pensamientos que le dictan y ordenan irse de retirada y abandonar el combate, sin embargo esas actitudes no son la de un gladiador. Todos, independientemente las circunstancias, esta llamado a ser un gladiador, a no rendirse, a lograr los objetivos, no importa los obstáculos. Tú y yo, como gladiadores, estamos llamados a no ser cobardes, a dar la batalla. Al fin de cuenta en el anfiteatro de la vida seguiremos siendo gladiadores. 

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