Continuar con la Espuma y nada más

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          En el año 1978, mientras cursaba el cuarto año de escuela superior, como requisito del curso de español avanzado se me asigno la lectura del cuento “Espuma y nada más” publicado en el 1950 y de la autoría del escritor colombiano Hernando Téllez. No sé por qué, pero siempre este cuento me remonta muchos recuerdos y me ha servido en mi formación como persona y profesional. De hecho invito a los lectores a que puedan compartir la lectura del mismo. La trama narrada por Téllez se lleva a cabo en una barbería y su principal personaje lo es el barbero de la comunidad, quien su vez era un revolucionario clandestino, secundado por el Capitán Torres, un militar con mucho poder y crueles sentimientos, para muchos un criminal. Téllez nos describe, en forma detallada, el encuentro de estos dos hombres y en el contexto de sus respectivos oficios. Era el escenario ideal para un crimen, el escenario para que aquel barbero violentará su vocación y ética de trabajo y se vengara del asesino se sus parroquianos y compañeros revolucionarios. Pero aquel barbero tenía una misión, independientemente de sus deseos internos y de los dilemas morales, estaba obligado, primero que nada a honrar su trabajo, a dar gala de lo que era controlar sus emociones. No podía auto defraudarse. Estaba allí para manejar la navaja sobre la espuma y transformar la cara sucia y sin forma por la barba en una cara limpia. Para lo otro, para la venganza o rendir cuentas llegaría el momento, no era el escenario, no era el momento, él tenía una función, no podía confundir su rol inmediato. Tenía que dar honra a su tarea, era afeitar la barba de aquel criminal. No importa sus impulsos, había que tener control. Era de valentía para aquel barbero tener ante si, controlado a un criminal. No importa que estuviera en desacuerdo con sus acciones, simplemente era su obligación usar la navaja para lo que le enseñaron.

Como le ocurrió al barbero nos pasa constantemente a muchos, en ocasiones tenemos posiciones encontradas, ideales diferentes, tareas para ejecutar que van en contra de mis principios. Muchas veces ponemos peros para ejecutar en nuestro trabajo por que las directrices vienen de alguien diferente a mí, de alguien que piensa diferente a mí, de personas con los que no comulgo. Hay momentos en que mis sentimientos, mi ira, mi forma de pensar me traicionan y caigo en la tentación optando por acciones contrarias a las tareas para las que me pagan o soy contratado, tiendo a retar, a llevar la contraria, confundo mis valores y quiero imponer mi criterio o simplemente hacer lo que me da la gana.

El detalle es no querer hacer lo que me dé la gana, el detalle es crecerme y dar el ejemplo para que siempre pueda mirar con la cabeza hacia arriba, para evitar que me señalen por en alguna ocasión fui irresponsable en mis acciones y ejecute en forma mediocre. Como el barbero, tengo que ser capaz, no importa los capitanes que tenga frente a mí, no importa los deseos de venganza, de hacer el trabajo como lo tengo que hacer. Me corresponde tener la capacidad para seguir usando la espuma y nada más, aunque el escenario sea propicio para cometer el crimen.

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1 comentario (+¿añadir los tuyos?)

  1. Wilma
    Ago 15, 2015 @ 21:40:58

    Interesante……

    Responder

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